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China

Idiomas que se hablan en China: Chino.

  • Crecimiento del PIB: 6,9%
  • PIB per cápita: $ 8.800
  • Balanza comercial/Producto Interior Bruto: 1,4%
  • Población: 37.590.000 habitantes
  • Deuda Pública/PIB: 47%
  • Tasa de desempleo: 3,9%
  • Inflación: 1,6%

Economía de China

Desde finales de la década de 1970, China ha pasado de un sistema cerrado y de planificación centralizada a otro más orientado al mercado, que desempeña un papel importante a nivel mundial. China ha aplicado reformas de manera gradual, lo que ha mejorado su eficiencia y ha contribuido a multiplicar por más de diez el PIB desde 1978. Las reformas comenzaron con la eliminación gradual de la agricultura colectivizada y se ampliaron para incluir la liberalización gradual de los precios, la descentralización fiscal, una mayor autonomía de las empresas estatales, el crecimiento del sector privado, el desarrollo de los mercados bursátiles y de un sistema bancario moderno, y la apertura al comercio y la inversión del extranjero. China sigue aplicando una política industrial, apoyando a sectores clave y estableciendo un régimen de inversiones restrictivo.

Entre 2013 y 2017, China gozó de una de las economías con mayor crecimiento del mundo, con una media de algo más del 7% de crecimiento real por año. Sobre una base de paridad de poder adquisitivo (PPA) que se ajusta a las diferencias de precios, China se erigió en 2017 como la mayor economía del mundo, superando a los Estados Unidos en 2014 por primera vez en la historia moderna. China pasó a ser el mayor exportador del mundo en 2010 y la mayor nación comercial en 2013. Sin embargo, la renta per cápita de China está por debajo de la media mundial. En julio de 2005 pasó a un sistema de tipos de cambio referenciado a una cesta de monedas. Desde mediados de 2005 hasta finales de 2008, el renminbi (RMB) se revalorizó en más de un 20% frente al dólar estadounidense, pero el tipo de cambio permaneció prácticamente vinculado al dólar desde el inicio de la crisis financiera mundial hasta junio de 2010, cuando Pekín anunció que reanudaría una apreciación gradual. Desde 2013 hasta principios de 2015, el renminbi se mantuvo estable frente al dólar, pero se depreció en un 13% desde mediados de 2015 hasta finales de 2016 en medio de fuertes salidas de capital.

En 2017, el RMB volvió a revalorizarse frente al dólar, aproximadamente un 7% desde finales de 2016 hasta finales de 2017. En 2015, el Banco Popular de China anunció que seguiría presionando para lograr la plena convertibilidad del renminbi, después de que la moneda fuera aceptada como parte de la canasta de derechos especiales de giro del FMI. Sin embargo, desde finales de 2015, el Gobierno chino ha reforzado los controles de capital y la supervisión de las inversiones en el extranjero para gestionar mejor el tipo de cambio y mantener la estabilidad financiera.

El Gobierno chino se enfrenta a numerosos desafíos económicos, entre ellos: a) reducir la elevada tasa de ahorro interno y, en consecuencia, el bajo consumo interno de los hogares; b) gestionar la elevada carga de la deuda de las empresas para mantener la estabilidad financiera; c) controlar la deuda de las administraciones locales no contabilizada en el balance que se utiliza para financiar el estímulo a las infraestructuras; (d) facilitar oportunidades de empleo con salarios más altos para la clase media, incluidos los migrantes rurales y los licenciados universitarios, manteniendo al mismo tiempo la competitividad; (e) amortiguar la inversión especulativa en el sector inmobiliario sin ralentizar bruscamente la economía; (f) reducir el exceso de capacidad industrial; y (g) aumentar las tasas de crecimiento de la productividad mediante una asignación más eficiente del capital y del apoyo estatal a la innovación. El desarrollo económico ha evolucionado más en las provincias costeras que en el interior, y para 2016 más de 169,3 millones de trabajadores migrantes y sus dependientes se habían trasladado a zonas urbanas en busca de trabajo.

Una consecuencia de la política china de control de la población conocida como "política de un solo hijo" (que se relajó en 2016 para permitir que todas las familias tuvieran dos hijos) es que China es ahora uno de los países con mayor envejecimiento mundial. El deterioro del medio ambiente, en particular la contaminación atmosférica, la erosión del suelo y la disminución constante de la capa freática, especialmente en el norte, es otro problema a largo plazo. China sigue perdiendo tierras cultivables debido a la erosión y la urbanización. El Gobierno chino está tratando de aumentar la capacidad de producción de energía a partir de fuentes que no sean el carbón ni el petróleo, centrándose en el gas natural, la energía nuclear y las energía limpias.

En 2016, China ratificó el Acuerdo de París, un acuerdo multilateral para combatir el cambio climático, y se comprometió a alcanzar un mínimo de emisiones de dióxido de carbono entre 2025 y 2030. El 13º Plan Quinquenal del gobierno, presentado en marzo de 2016, hace hincapié en la necesidad de aumentar la innovación e impulsar el consumo interno para que la economía dependa menos de la inversión pública, las exportaciones y la industria pesada. Sin embargo, China ha avanzado más en la subvención de la innovación que en el reequilibrio de la economía. Pekín se ha comprometido a dar al mercado un papel más decisivo en la asignación de recursos, pero las políticas del Gobierno chino siguen favoreciendo a las empresas estatales y fomentando la estabilidad. En 2010, los líderes chinos se comprometieron a duplicar el PIB de China para 2020, y el 13º Plan Quinquenal incluye objetivos de crecimiento económico anual de al menos el 6,5% hasta 2020 para alcanzar ese objetivo.

En los últimos años, China ha renovado su apoyo a las empresas estatales en sectores considerados importantes para la "seguridad económica", con el objetivo explícito de fomentar industrias competitivas a nivel mundial. Los líderes chinos también han imposibilitado algunas reformas orientadas al mercado al reafirmar el papel "dominante" del Estado en la economía, una postura que amenaza con desalentar la iniciativa privada y hacer que la economía sea menos eficiente. La ligera aceleración del crecimiento económico en 2017 (el primer repunte de este tipo desde 2010) da a Pekín más libertad para seguir con sus reformas económicas, centrándose en el desapalancamiento del sector financiero y en su programa de reformas estructurales.

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